¡(IN)Felices Fiestas! Conciencia de clase frente a la ritualidad del consumo capitalista contemporáneo.
Ariel Alejandro Vera Verdi.
31 de diciembre de 2025.
Lo confieso, me resulta duro presenciar a través de las redes sociales, en amigos, vecinos, incluso en la familia, la presión causada por la llegada de las fiestas occidentales de fin de año. La Navidad y año nuevo exigen que todo deba ser “perfecto”. En esa noche nada puede faltar, nada puede fallar. “Debemos hacerlo bien”. Hacerlo bien implica estar en compañía, con mucha comida y bebida, con regalos para todos. Pero, ¿Qué pasa cuando alguien no puede costear semejante ritual? Una culpa silenciosa nace cuando la escasez material se hace presente. Esta tiende a individualizar el problema y vivirlo como un fracaso personal. Me resultó inevitable sentir un poco de culpa y empatía, pero al mismo tiempo, también comprendo que no es una incomodidad individual. Por el contrario, es producto de una experiencia socialmente impuesta por el capitalismo contemporáneo. Las festividades entonces, se ven transformadas en un dispositivo de consumo, orientado a la reproducción de sujetos consumidores.
Basándonos en este enfoque, podemos afirmar que las fiestas occidentales de fin de año no solo son celebraciones culturales y religiosas. Estas a su vez, llevan a cabo la ritualidad del capitalismo contemporáneo. Ritual en el cual se busca cerrar con el ciclo de la reproducción de consumidores como una condición necesaria de pertenencia social. Fue Karl Marx (2011) quien mencionó cómo las relaciones sociales tienden a despersonalizarse dentro del sistema capitalista. Conceptualizó este fenómeno como fetichismo de la mercancía. Este fenómeno ocurre durante el intercambio mercantil, donde se invisibilizan las relaciones sociales de producción tras la mercancía elaborada. Esta misma lógica puede ser reflejada en el intercambio de regalos, en donde el valor del objeto opaca su propio trabajo contenido. Tanto la Navidad como el año nuevo miden su felicidad a costa de lo material. Esta necesidad individual de cumplir los estándares socialmente aceptados para poder pertenecer, conduce a los ciudadanos a producir gastos excesivos, incluso en tiempos de crisis económica. Por otra parte, y reconociendo que mi análisis es una expresión personal de experiencia situada, y posicionándome desde una perspectiva marxista, me resulta indispensable comprender que las festividades occidentales no son meramente rituales de una tradición cultural o religiosa. El capitalismo contemporáneo captó las festividades para llevar a cabo el cierre del ciclo de la reproducción del capital. El ritual festivo ahora se encuentra articulado con la lógica mercantil, los vínculos sociales se ven fuertemente condicionados por la circulación de la mercancía, mientras que la exigencia de comprar y gastar se vuelve una normativa a cumplir. Durante las festividades este proceso cíclico del consumo se intensifica, provocando que los regalos y consumibles adquieran un valor simbólico desproporcional en la sociedad.
En estos tiempos, la felicidad generada en las festividades y la idea de llevar a cabo una celebración perfecta queda condicionada y subordinada a la capacidad de consumo en el mercado. Esto invisibiliza el contexto individual que los ciudadanos atraviesan, sin considerar las diferentes condiciones materiales que favorecen o empeoran la posibilidad de llevar a cabo el ritual. Debido a una inflación constante, y, por ende, a la pérdida del poder adquisitivo de los ciudadanos, estos últimos se ven conducidos a una frustración y sentimiento de vergüenza constante. Este dolor social surge al no lograr ajustar las condiciones materiales con las exigencias capitalistas de las festividades. De esta manera, en contextos de crisis económica, las festividades occidentales se tornan crueles. Lejos de suprimirse, las festividades continúan su curso hacia un mayor consumo, sin importarle en absoluto, a aquellos individuos que se ven privados de lo material. Como resultado de la exigencia asumida como propia, por parte de cada ciudadano inmerso en el sistema capitalista, surge un sentimiento de dolor al no cumplir con las normas socialmente aceptadas dentro del juego del capital.
Me tomaré el atrevimiento de utilizar la siguiente afirmación, “la vergüenza es una emoción exclusivamente social, emerge de las interacciones humanas.” (Carina Kaplan y Elisa Sulca, 2019). En este caso, la vergüenza surge cuando se presenta la incapacidad de ajustarse a los estándares socialmente aceptado a la hora de llevar a cabo la ritualidad. La presencia de la vergüenza, implica un dolor social ocasionado por la mirada del otro, del miedo a la no aceptación social. En términos del filósofo Pierre Bourdieu, explicados con claridad por Alicia Gutiérrez (2005), podríamos afirmar que la incapacidad de presumir una ritualidad perfecta, degrada el capital simbólico del individuo en cuestión. A raíz del miedo a ser juzgado como un individuo incapaz de lograr llevar a cabo el ritual, surge un sentimiento de inferioridad en las relaciones sociales. Este sentimiento de culpa e insuficiencia también funciona como una emoción limitante. Por este motivo, el individuo avergonzado, toma una posición ajena de la sociedad que lo conduce hacia una autocrítica desfavorablemente. Al no poder alinear sus condiciones materiales con la exigencia presentada en el periodo de las festividades capitalistas contemporáneas, se produce una frustración y silenciamiento que se vinculan con la humillación.
Todo este proceso casi deshumanizante no surge por accidente. La “máquina”, tal y como es conceptualizada por los filósofos Gilles Deleuze y Félix Guattari (2010), nos permite analizar como se producen subjetividades que pueden ser moldeadas para ser funcionales al Estado y al sistema capitalista. Asimismo, al mercado no le basta con abarrotar las góndolas de los supermercados con mercancía, sino que debe buscar una manera de hacerse parte de la identidad de los individuos. Hoy en día, tanto lo que vemos en pantallas, o mismo en las redes sociales, alimenta nuestra subjetividad al decirnos que debemos consumir, desear, o incluso hacer para sentirnos realizados como miembros plenos de la sociedad. Es tanta la sobreinformación publicitaria que, durante las épocas festivas, parece que la única forma de “ser feliz” es consumiendo lo que el mercado disponga. Solemos creer que esta necesidad sale de nosotros mismos, sin tener en cuenta que es una imposición externa que hemos internalizado. No sentimos que nos están obligando, sentimos que lo anhelamos.
Mi análisis sobre la situación social, durante el periodo que abarca tanto la Navidad como año nuevo, finalizará abordando la cuestión desde una perspectiva de género. Ya que la “máquina” también configura y moldea subjetividades asignando roles diferenciados a las personas. Esta división de género afecta sobre todo a las mujeres, tanto niñas como madres. En ellas suele recaer una responsabilidad desproporcionada a la hora de la preparación del ritual festivo. Las mujeres de la casa suelen ser las encargadas de asegurarse que la perfección de ritual se lleve a cabo, son quienes mayoritariamente cargan con la enorme presión de mantener la magia del espíritu navideño. Es por esto que quiero detenerme en el concepto introducido por el psicoanalista Donald W. Winnicott, “madre suficientemente buena”. Tal y como expone Vanessa Schulz (2016), el psicoanalista realiza una hipótesis sobre el desarrollo emocional de las infancias durante su periodo de crecimiento. Para el niño y la niña, la madre no debe ser perfecta, simplemente debe cumplir con las necesidades de una manera “suficientemente buena”. Esto quiere decir que, mientas la infancia no perciba un dolor, o una reiterada ausencia a la hora de satisfacer sus necesidades, la madre cumple con lo necesario para que su crecimiento emocional se desarrolle de manera eficaz. Este modelo psicoanalista reconoce la humanidad que existe detrás del concepto de madre. A su vez, nos permite situar al infante, a su madre y a su familia, para comprender los factores desfavorables que se podrían producir a la hora de llevar a cabo la ritualidad materialista en cuestión. Tanto el bienestar emocional y la salud relacional se encuentran en validar una celebración “suficientemente buena”, aceptando los posibles fallos y carencias como un acto de resistencia contra inalcanzable perfección socialmente establecida.
A modo de cierre, y en concordancia con el cierre de año, buscaré sintetizar la hipótesis argumentada en este último ensayo del 2025. Las festividades occidentales de fin de año se encuentran dominadas por lógicas capitalistas contemporáneas. Incluso en periodos de crisis económica, como lo vive actualmente la República Argentina. Lejos de ser un simple ritual cultural y tradicional, tanto la Navidad como año nuevo, funcionan como dispositivos de reproducción del capital económico y simbólico dentro del mismo sistema. Los mecanismos capitalistas de disciplinamiento social encontraron la manera de articular el consumo, la pertenencia social y el valor simbólico individual bajo el dominio de lógicas mercantiles. Esto produce un sentimiento de culpa y vergüenza en aquellos que no cumplan con las exigencias del mercado. Es por esta razón que mi propio malestar social no es accidental ni individual, sino más bien estructural. La vergüenza como dolor social es el resultado de una transformación del deseo en obligación, y la carencia material se siente como fracaso personal.
Bibliografía:
Marx K. (2011). El capital. Crítica de la economía política (Tomo I). Buenos Aires: Siglo XXI. (Obra original publicada en 1867).
Gutiérrez, A. B. (2005). Las prácticas sociales: una introducción a Pierre Bourdieu. Córdoba: Ferreyra Editor.
Moreschi, A. A. (2013). La subjetividad al debate. Revista Sociológica, 28(80), 259–278.
Kaplan, C., & Sulca, E. (2019). El sentimiento de vergüenza en la experiencia escolar de jóvenes indígenas. En C. Kaplan (Ed.), La humillación social. Violencias simbólicas y subjetividades. Buenos Aires: Miño y Dávila.
Schulz, V. M. (2016). Lo suficientemente bueno. Con un cinco basta. Clínica e Investigación Relacional.
Restrepo, E. (2006). Identidades: planteamientos teóricos y sugerencias metodológicas para su estudio. Jangwa Pana, 5, 24–39.
Deleuze, G., & Guattari, F. (2010). El Anti-Edipo: Capitalismo y esquizofrenia (J. Vázquez Pérez, Trad.). Paidós. (Obra original publicada en 1972)
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